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Comentarios del Asesor Gubernamental

  • TEMA PARA LA REFORMA DEL ESTADO: LA REVOLUCION DE LA CIUDAD AL CAMPO Volver

      Martes, 24 de Agosto del 2010

    El tema de la Reforma del Estado se encuentra actualmente en el centro del debate público y el Gobierno ya la ha iniciado con la fusión de algunas entidades y programas sociales, y - lo que en nuestra opinión es lo más importante - con la reforma educativa, en búsqueda de la eficiencia y eficacia del aparato estatal.

    En este debate surgen ideas y planteamientos que tienen como finalidad coadyuvar a que este proceso se lleve a cabo con éxito y alcance los objetivos deseados y reclamados por la sociedad. En este sentido, se han planteado diversas y valiosas opiniones: definir primero el fin del Estado, achicar el aparato estatal, profundizar la descentralización, y otros.

    Sin embargo, en esta exposición de ideas se ha hablado poco sobre la presencia del Estado, por lo menos no como ente integrador de la sociedad peruana. Y esto tiene que ver con la inclusión social, política y económica.

    Nosotros pensamos que el fin último del Estado es proporcionar bienestar a la sociedad en su conjunto y esta perspectiva alcanza a todos los peruanos y en todo el territorio nacional.

    Nuestro país cumple este año 189 años como República independiente y hoy, como en ese entonces, grandes sectores de nuestra población viven en la misma situación de marginación y exclusión social, política y económica, los que, cual clarinada de alerta, nos han dejado oír su voz de protesta en las últimas elecciones generales realizadas en el mes de Junio de 2006 y en diferentes actos de protesta social ocurridos últimamente.

    Estos peruanos viven en situaciones inimaginables para muchos de nosotros, con economías por debajo del nivel de subsistencia, aislados geográfica, social y culturalmente, en territorios a veces inaccesibles y con climas extremadamente severos, sin servicios de salud, sin escuelas y…sin Estado.

    En territorios de la selva central, existen poblaciones cuyo único alimento es el pescado que extraen de los ríos; que viven hacinados, hombres, mujeres, niños y animales, en un pequeño ambiente construido a una altura de 50 o 60 cms. del piso para protegerse de los animales ponzoñosos, de madera y techos de paja por donde se filtran las torrenciales lluvias propias de la zona; con sus niños explotados por seudo empresas que depredan nuestros recursos naturales, muchos de ellos sin tener la ciudadanía peruana pues no tienen el Documento Nacional de Identidad; ocupantes precarios de las pequeñas porciones de terreno que ocupan, pues no tienen título de propiedad, desnutridos, marginados.

    En la sierra sur y central, la situación es similar, sobre todo en la primera; su economía también es de subsistencia; poseen pequeños terrenos que los miden por topos, que, con suerte les proporciona el alimento diario, de papa, maíz, olluco, principalmente, dos o tres aves de corral que les proveen de huevos y, en épocas festivas, de carne. Sus viviendas son pequeñas: un muro de barro y adobe o piedra de mediana altura llamado pirca delante de la vivienda que delimita un espacio en donde las aves, si las hay, pasan el día, para en las noches pernoctar en el interior de la vivienda que es un pequeño ambiente de unos 4 x 4 m. de área con una especie de tarimas de barro pequeñas y angostas  donde duermen hombres, mujeres y niños abrigados con piel de carnero; techo de ichu que no los protegen de las fuertes lluvias, un clima muy severo con el añadido de las “heladas”: un friaje muy fuerte que destruye sus pequeños sembríos. Las escuelas, donde las hay, quedan a grandes distancias, para llegar a las cuales los niños tienen que salir de sus casas a las 4 de la mañana y regresan ya entrada la noche. Muchos padres no quieren que sus hijos vayan a la escuela porque prefieren que ayuden a su madre o a él en sus tareas domésticas o agrícolas. También muchos de ellos no tienen la ciudadanía peruana por carecer del Documento Nacional de Identidad, también ocupantes precarios y también desprotegidos y marginados.

    Los hechos descritos no corresponden a pobladores de las ciudades, llámense capitales de Provincia, capitales de Distrito e incluso algunos Centros Poblados. Corresponden a lugares muy alejados de la urbe, grande o pequeña, en donde habitan grupos de pobladores dispersos, que se encuentran abandonados de la tutela del Estado. Porque a esos lugares ni siquiera llegan los políticos buscando votos en época de elecciones.

    Hemos tenido la oportunidad de conocer esta realidad directamente y lo que hemos dicho hasta aquí, no describe, por mucho, la situación de pobreza y exclusión en la que viven estos pobladores compatriotas nuestros.

    El Estado de Bienestar al que aspiramos, para que lo sea, debe abarcar a todos los pobladores en todo el territorio nacional, no podemos sentirnos conformes si sólo nos alcanza a los citadinos.

    Recordemos el  texto del primer párrafo del Artículo 44º de la Constitución Política del Perú:

    “Son deberes primordiales del Estado: defender la soberanía nacional; garantizar la plena vigencia de los derechos humanos; proteger a la población de las amenazas contra su seguridad; y promover el bienestar general que se fundamenta en la justicia y en el desarrollo integral y equilibrado de la Nación.”

    Recordémoslo siempre.

    Relataremos a continuación una experiencia personal con estas poblaciones que marcó nuestras vidas y que aquí tenemos la oportunidad de contarla:

    En los albores de nuestra carrera laboral, inmediatamente después de la Universidad, tuvimos la oportunidad de trabajar en el pueblo de Pampa Cangallo, capital del Distrito Los Morochucos, de la Provincia de Cangallo en el Departamento de Ayacucho. Trabajamos para el Ministerio de Trabajo en un Programa llamado “Programa Nacional de Integración de la Población Aborigen – PNIPA” que, financiado por el Banco Interamericano de Desarrollo – BID, ejecutaba acciones de desarrollo social, cultural y económico en las comunidades – en ese entonces llamadas – indígenas en la sierra central y sur del país, para lo cual, equipos polivalentes de profesionales nos instalamos y vivimos en el seno de esas comunidades ubicadas en centros poblados alejados de las capitales de Provincia de los Departamentos de Junín, Ayacucho, Apurímac, Cuzco y Puno.

    Pampa Cangallo, capital del Distrito Los Morochucos, es un pueblo que dista unas tres horas de Ayacucho, capital de la Provincia de Huamanga, al que se llega por una carretera afirmada, angosta, con grandes cumbres y profundas quebradas, en la que, en ese entones, los vehículos sólo podían transitar unos días para Ayacucho y otros para Cangallo. En el trayecto se pasa por Chupas, lugar en donde ocurrió la batalla del mismo nombre el 16 de Setiembre de 1542 entre Diego de Almagro el Mozo y Cristóbal Vaca de Castro, que había llegado al Perú en calidad de Juez Comisionado y Gobernador del Perú. Derrotado Almagro el Mozo pretendió refugiarse entre los rebeldes incas de Vilcabamba, pero fue capturado y ejecutado en el Cusco. Parte de lo que quedaba de su ejército huyó a Pampa Cangallo, en donde, adaptados a la zona durante muchos años, hoy se encuentran los caballos descendientes de los españoles, que conservan el andar de los mejores caballos de paso, pequeños, de pelaje hirsuto, muy fuertes y resistentes, que son conducidos por los morochucos, eximios jinetes que se lucen, para los ojos extraños, como un espectáculo de gran belleza y destreza.

    Pampa Cangallo es un pueblo situado a una altura de 3,350 m. s. n. m., la zona es llana, sin cerros ni promontorios cercanos, lo que hace que el frío se sienta con más intensidad.

    Nuestro Programa contaba con 3 Ingenieros Agrónomos, 1 Médico, 1 enfermera, 1 Médico Veterinario, 1 Antropólogo, 1 Asistenta Social, 1 Educadora Familiar, 1 economista y 1 tractorista. Como equipamiento teníamos un tractor y tres vehículos. También teníamos 2 toros raza Brown Swis y 10 carneros raza Merino, los que utilizábamos como sementales para mejorar la raza del ganado de la zona. Vivíamos en pabellones prefabricados a unos 200 metros de la Plaza de Armas. También contábamos con grupos electrógenos de motores a gasolina con los que dábamos electricidad al pueblo.

     Nuestro Programa proporcionaba apoyo y asistencia técnica agropecuaria a los pobladores: les vendíamos a precio simbólico semillas mejoradas, abonos; nuestro tractor les ayudaba en el surcado del terreno y la siembra; se les enseñaba a abonar el terreno, a sembrar, a fumigar; se les otorgaba Créditos Agrícolas para la siembra y cultivo; se curaba a su ganado y se les cruzaba con nuestros sementales para mejorar la raza. También les proporcionábamos servicios de salud: medicamentos a los enfermos, curación de heridas, atenciones domiciliarias en situaciones de emergencia; en casos necesarios trasladábamos a los enfermos al hospital de Ayacucho. En el aspecto social, formamos clubes de madres, a quienes organizábamos en asociaciones productivas, les proporcionamos máquinas de coser, de tejer, enseñándoles su uso, capacitación en la crianza de sus hijos, higiene, nutrición, saneamiento ambiental; apoyábamos a las escuelas en los aspectos de infraestructura, mobiliario, organizábamos a las Comunidades  con sistemas de elecciones, de toma de decisiones comunales, de trámites y gestiones.

    Nuestro radio de acción eran los centros poblados, caseríos, pagos y comunidades de la zona, más o menos alejados de Pampa Cangallo, a los que se llegaba, en muchos de ellos, a caballo. Recuerdo algunos nombres: Vischongo, Incarajay, Pomabamba, Chuschi, Vilcashuamán, Mollebamba, Totos, Paras, Wawapuquio.

    Al cabo de tres años nos trasladamos a la ciudad de Ayacucho. Fueron tres años, en los que vivíamos con ellos, compartíamos con ellos, participábamos de sus celebraciones, de sus ritos y costumbres mágicas, de su pobreza extrema. Se tuvieron logros importantes, en términos de desarrollo económico y social.

    Pasó el tiempo y el 18 de Mayo de 1980, sucede el primer atentado terrorista en Chuschi, uno de los centros poblados en los que habíamos trabajado: Sendero Luminoso había iniciado la etapa más cruel y cruenta de las que nos ha tocado vivir. Posteriormente, el asombro: atentados, asesinatos, destrucción. El asombro causado por los hechos por sí mismos y porque las noticias divulgadas mencionaban atentados producidos en Chuschi, Vilcashuamán, Cangallo, Lucanamarca, Vischongo Mollebamba, Totos: los lugares en los que habíamos trabajado para su desarrollo, en donde el Estado realizó importantes inversiones. Alcaldes, autoridades, minifundistas líderes locales, ellos y sus hijos y sus esposas, asesinados de la manera más cruel, torturados delante de sus familiares para luego torturarlos y asesinarlos a ellos también. Casi todos, nombres conocidos por nosotros.

    El terrorismo de Sendero Luminoso atacaba las zonas en donde el Estado había realizado esa labor. ¿Porqué?.

    Una primera respuesta puede señalar el hecho que el forjador de Sendero Luminoso se instaló en la Universidad Nacional San Cristóbal de Huamanga desde el año 1968 y allí formó a otros líderes primero y luego organizó el aparato del terror. Recordamos algunos nombres; sólo mencionaremos uno de ellos: Antonio Díaz Martínez – murió estando preso en el Penal de Lurigancho el año 1986, a raíz del amotinamiento ocurrido en ese penal -, Ingeniero Agrónomo y en ese entonces catedrático del curso de Reforma Agraria de la Universidad, curso de fachada que le sirvió para enviar a sus alumnos a esas zonas con el pretexto de realizar prácticas, cuando en realidad el objetivo era inculcar en los campesinos las ideas de odio y venganza propios de esa organización: el método era muy simple: bajo el pretexto de realizar prácticas, estas personas se instalaron en todo ese territorio y, como en la comunidad más pobre siempre había alguien que tenía un poco más que el otro, infundían estas ideas fuerza: “¿Porqué él va a tener una gallina y tú no?. También te pertenece a ti”. “Los Alcaldes, Gobernadores  te explotan”. “Te están quitando lo que es tuyo”. Un lenguaje sencillo pero de gran efecto y por mucho tiempo. El Estado no estaba presente.

    Sobre esto, en el Informe de la Comisión de la Verdad y Reconciliación se lee:

    “En su reapertura tras cerca de medio siglo, la UNSCH fue imaginada como una organización moderna en su estructura y su concepción académica. Sin las trabas administrativas de otras universidades, capacitaría técnicos, investigadores y maestros que solucionarían los problemas de la región. Este plan moderno y de alta calidad sólo pudo sostenerse en el discurso debido a la rápida masificación de la Universidad. Al principio, la UNSCH tenía 228 alumnos. En 1980, al inicio del conflicto armado, el número de alumnos se había multiplicado por 30 (eran 6,095 estudiantes); el crecimiento deterioró los servicios y las remuneraciones, pero permitió el ingreso de jóvenes del interior, hijos de campesinos portadores de las expectativas de movilidad social de sus familias y sus pueblos.

    La Universidad fue un centro que acogió, como en el resto de las Universidades del país, las ideas radicales de las décadas del sesenta y setenta. Sin el contrapeso de otras instituciones u otros focos de influencia cultural, ejerció casi un monopolio sobre la opinión pública y modeló el sentido común local. Su influencia, como casa de estudios moderna —cuando menos en el discurso—, llegó hasta la Universidad Nacional del Centro del Perú en Huancayo, donde profesores de Huamanga y luego altos dirigentes del PCP Sendero Luminoso son invitados en los años setenta a dar charlas a estudiantes y sindicatos.

    Este es el espacio del surgimiento del Partido Comunista del Perú Sendero Luminoso y de su líder, Abimael Guzmán. Su encierro en la UNSCH, tras su ruptura con el PCP Bandera Roja se da en momentos en que precisamente la Universidad da uno de sus saltos de crecimiento pasando de casi 1,500 estudiantes en 1968 a 3,319 en 1971. La fuerte presencia del PCP-SL en la facultad de Educación de la UNSCH se amplía hacia los planteles de aplicación Guamán Poma de Ayala, lo que le permitió influir en el SUTE-Huamanga y copar las nuevas plazas de maestros, asociadas al paulatino crecimiento de la cobertura educativa en la región, particularmente en las áreas rurales.

    Como antes con los hacendados, cuyo poder personal no fue sustituido por un aparato burocrático moderno, salvo en el corto período entre 1970 y 1975 en que el Estado construyó el Sistema Nacional de Movilización Social (SINAMOS) —una red de funcionarios que llega a todos los pueblos del país—, el poder estatal estaba en manos de agentes locales, muchas veces utilizado para sus propios fines.”

    También es indudable que las razones esenciales que explican el inicio del terrorismo en esa zona han estado relacionadas con la pobreza y la exclusión de esos sectores de la población peruana, generando en ellos descontento y resentimiento, sentimientos que fueron avivados y exacerbados por la prédica de Sendero Luminoso y que puede suceder nuevamente en la medida en que continúe esa situación.

    Pero, ¿Qué hacer?. El problema está ahí y, cual bomba de tiempo, puede explotar en cualquier momento. La solución o, por lo menos, el inicio de ella, debe darse de inmediato.

    Pensamos que la solución a esta situación depende de todos nosotros. Cada uno en el ámbito en el que se desenvuelve: desterrar la discriminación, ver y sentir a esos pobladores como seres humanos, como compatriotas. Sentirnos responsables por lo que les sucede a ellos. Y hacer por ellos lo que esté a nuestro alcance.

    Sin embargo es al Estado es a quien le compete directamente la responsabilidad de incorporar a estos peruanos a la vida nacional, a su modernidad y oportunidades. Y, en nuestra opinión la herramienta más importante para lograrlo es la presencia del Estado en todo el territorio nacional. No visitas esporádicas, no regalos, la presencia real del Estado con todos sus servicios. Es lo que llamamos “LA REVOLUCIÓN DE LA CIUDAD AL CAMPO”.

    Esos pobladores no educan a sus hijos porque las escuelas quedan muy lejos y prefieren que los ayuden en sus faenas agropecuarias. Se enferman y sólo disponen del remedio de las plantas curativas que sus antepasados les legaron. Su extrema pobreza no les permite la nutrición que su organismo requiere. Si tienen un diferendo con otra persona sobre propiedades lo solucionan con el enfrentamiento y la violencia. No son ciudadanos porque no están inscritos en el Reniec. No tienen oportunidades porque están aislados de los centros urbanos, no tienen vías de acceso, comunicación, etc. Y son víctimas de la discriminación y marginación.

    Con una visita esporádica de alguien del Gobierno, ya sea Nacional, Regional o Local, no se soluciona nada. Con promesas tampoco.

    La presencia del Estado, como la proponemos, significa trasladar los servicios del Estado a esos lugares. Las escuelas y maestros a su alcance, la atención de la salud a su lado, los registros, la administración de justicia junto a ellos.

    Para ello, no sería necesario trasladar grandes contingentes de empleados y funcionarios a esos lugares. El Gobierno, dentro de su Programa de Reforma del Estado, anunció que el personal que resulte excedente luego de la fusión de entidades y programas, será reubicado. Nada de esto ha sucedido. Se puede empezar con ellos previo adiestramiento y capacitación, porque irían con facultades para resolver, en el lugar, los problemas de titulaciones, litigios, registros y otros de la misma índole.

    Técnicos y profesionales que, utilizando los recursos de la zona, los orienten, capaciten y ayuden en actividades productivas bajo formas empresariales, para mejorar su economía familiar, construyendo vías de acceso a los centros de comercialización más cercanos.

    Técnicos y profesionales en salud que curen sus enfermedades, que los capaciten en prácticas saludables, nutricionales, preventivas de enfermedades, vacunaciones y que tengan los recursos necesarios para, en casos necesarios, trasladar a los enfermos a centros de salud mejor equipados, en forma rápida y expeditiva.

    Construir en esos lugares escuelas unidocentes y con maestros capacitados, bajo una debida supervisión.

    Todo ello bajo el soporte de la tecnología informática y de comunicación modernas, de tal manera que los registros, inscripciones, solicitudes y respuestas, consultas, etc., se realicen por esta vía. Ya existe la firma digital, los documentos se pueden enviar y recibir por medios electrónicos.

    En el futuro se puede implantar la Carrera Administrativa Pública, que considere un esquema similar al que actualmente tienen la Fuerzas Armadas: en sus inicios el empleado público debe cumplir con prestar sus servicios en estas zonas y es requisito para los ascensos y promociones.

    Esta es sólo una idea general, los especialistas conocen mucho más que nosotros y pueden enriquecerla sustantivamente y sistematizarla. El concepto es poner al alcance de estos pobladores los servicios básicos del Estado, por etapas. Se puede empezar con un Plan Piloto en zonas determinadas por los expertos, con una inversión cuya magnitud no sea limitante para alcanzar los objetivos deseados, motivando a la Empresa privada para que participe también en esta reforma, la que ya ha dado señales de su deseo de participar en el desarrollo social y económico nacional.

     

     

    José Castillo Chávez
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